Marruecos continúa modernizando su sistema de compensación al tiempo que preserva el poder adquisitivo de los hogares. En un contexto marcado por la caída de los precios internacionales del azúcar y una mejor gestión de los mecanismos de apoyo, el coste presupuestario de la compensación del azúcar registró una disminución significativa en 2025. Esta evolución constituye uno de los principales resultados de la reforma gradual del sistema de subsidios emprendida por el Reino, cuyo objetivo es garantizar la estabilidad de los precios y reforzar la sostenibilidad de las finanzas públicas.
El sistema marroquí sigue basándose en una subvención fija de 3,64 dirhams por kilogramo de azúcar refinado, con el fin de mantener un precio de venta accesible para los consumidores en todo el territorio nacional. Esta política permite proteger el poder adquisitivo de los hogares a pesar de las fluctuaciones de los mercados internacionales y de la disminución de la producción nacional de remolacha azucarera y caña de azúcar, provocada por varios años consecutivos de sequía.
Los resultados financieros han sido especialmente alentadores. Entre enero y agosto de 2025, la subvención destinada a la importación de azúcar en bruto alcanzó una media de 0,58 dirhams por kilogramo, frente a un nivel considerablemente superior durante el mismo período de 2024. Esto representa una reducción del 73 % en la subvención unitaria. Como consecuencia, el gasto público destinado al apoyo de las importaciones de azúcar en bruto descendió hasta 356 millones de dirhams, lo que supone una disminución del 74 % respecto al mismo período del año anterior. Esta mejora se explica principalmente por la caída de los precios internacionales del azúcar, favorecida por una producción mundial más abundante, especialmente en Brasil, uno de los principales proveedores de azúcar de Marruecos.
Al mismo tiempo, la compensación destinada al azúcar refinado se mantuvo relativamente estable para garantizar un precio de venta constante a los consumidores. Durante los ocho primeros meses de 2025, este gasto ascendió a 3.050 millones de dirhams, con un ligero incremento del 0,8 % en comparación con el mismo período de 2024. Esta evolución refleja la estabilidad del consumo nacional a pesar de un contexto económico caracterizado por una inflación alimentaria moderada.
En conjunto, el coste total de la compensación del azúcar en bruto y del azúcar refinado alcanzó 3.413 millones de dirhams entre enero y agosto de 2025. Esta cifra representa una reducción del 23 % respecto al mismo período de 2024, lo que pone de manifiesto los beneficios obtenidos gracias a la disminución de los precios internacionales y a una gestión más eficiente del sistema de compensación.
Esta evolución se produce en un momento en que Marruecos sigue dependiendo en gran medida de los mercados internacionales para su abastecimiento de azúcar. La caída de la producción nacional debido a las condiciones climáticas provocó un aumento del 78 % de las importaciones de azúcar en bruto entre 2019 y 2024, destinadas principalmente al refinado local. A pesar de esta creciente dependencia de las importaciones, la reducción del coste de adquisición ha permitido disminuir de manera considerable la carga financiera soportada por el Estado.
La reforma del sistema de compensación forma parte de una estrategia fiscal más amplia. Tras haber alcanzado niveles muy elevados a comienzos de la década de 2010, el gasto en subsidios se ha ido racionalizando progresivamente y orientándose de forma más eficiente. Para 2026, el Gobierno prevé destinar 13.770 millones de dirhams al apoyo del gas butano, el azúcar y la harina nacional de trigo blando, frente a aproximadamente 16.500 millones de dirhams en 2025, lo que representa una reducción cercana al 16,5 %.
Más allá de la reducción del gasto público, esta evolución refleja una mejora de la resiliencia fiscal del Reino. Al controlar progresivamente el coste de los subsidios sin comprometer la estabilidad de los precios de los productos de primera necesidad, Marruecos refuerza su capacidad para financiar grandes proyectos de infraestructura, políticas sociales e inversiones estratégicas, al tiempo que continúa modernizando su sistema de protección social y preservando el poder adquisitivo de la población.
Esta evolución demuestra que la reforma del sistema de compensación ya no consiste únicamente en reducir el gasto público. Se ha convertido en un componente esencial de una estrategia económica más amplia destinada a conciliar la justicia social con la disciplina fiscal, reforzar la competitividad de la economía nacional y generar un mayor margen presupuestario para apoyar un crecimiento sostenible y un desarrollo a largo plazo.

