Después de dos décadas de desarrollo de las exportaciones y de implantación de grandes grupos industriales internacionales, Marruecos entra en una nueva etapa de su desarrollo industrial, marcada por el fortalecimiento del valor añadido local, la ampliación de la base empresarial nacional y la transición progresiva de la fabricación hacia la innovación, el diseño y el dominio del conocimiento.
El modelo industrial marroquí ha experimentado profundas transformaciones en los últimos años, con el auge de sectores como la automoción, la aeronáutica, el textil, la industria agroalimentaria, la electrónica y otras actividades orientadas a los mercados exteriores.
Este proceso ha contribuido a reforzar la integración de Marruecos en las cadenas de valor mundiales, aprovechando sus infraestructuras, su posición geográfica, su proximidad a los mercados europeos, así como su capacidad para atraer inversiones extranjeras y desarrollar una base industrial competitiva.
Sin embargo, la próxima etapa plantea una cuestión más profunda: ¿qué parte de la riqueza generada en estas cadenas industriales permanece realmente en la economía marroquí?
Esta cuestión adquiere especial relevancia a la luz de un policy paper del CMGM, que pone el énfasis en la profundización de las cadenas de valor, el fortalecimiento de las microempresas y pymes y una mejor medición de los efectos económicos de las políticas industriales.
El desafío ya no consiste únicamente en producir bienes en Marruecos para grandes marcas o grupos internacionales. También consiste en desarrollar localmente componentes, servicios industriales, tecnologías, soluciones de ingeniería y propiedad intelectual.
De ahí surge la transición del concepto de «Made in Morocco» hacia una ambición mayor: que los productos y soluciones también sean diseñados, desarrollados e innovados en Marruecos, para después proyectarlos hacia los mercados internacionales.
Esta transformación no significa abandonar la fabricación, sino añadir nuevos niveles de valor añadido, desde la idea y el diseño hasta la investigación y el desarrollo, la ingeniería, la producción, la comercialización y la exportación.
El sector aeronáutico ofrece un ejemplo de esta dinámica. El ecosistema industrial ha evolucionado progresivamente desde actividades de ensamblaje y fabricación de determinados componentes hacia ámbitos más complejos que incluyen la ingeniería, la fabricación de precisión, el mantenimiento y el desarrollo de capacidades tecnológicas.
El sector textil también representa un ámbito con potencial para esta transformación, mediante el desarrollo del diseño, las marcas, los materiales y los productos de mayor valor añadido, reduciendo así la dependencia de las actividades tradicionales de subcontratación.
Las microempresas y las pequeñas y medianas empresas ocupan un lugar central en esta nueva etapa. Profundizar la industrialización local requiere integrarlas más estrechamente en los grandes ecosistemas industriales y facilitar su acceso a financiación, tecnología, competencias y mercados.
El desarrollo de una sólida red de proveedores locales también puede aumentar el impacto económico de las inversiones industriales. Cuanto más capaces sean las empresas marroquíes de producir componentes, equipos, software, servicios de ingeniería y soluciones tecnológicas avanzadas, mayor será el valor que permanezca dentro de la economía nacional.
En este contexto, las competencias adquieren una importancia creciente. La fabricación requiere mano de obra cualificada, mientras que el diseño y la innovación necesitan ingenieros, investigadores, desarrolladores, diseñadores, especialistas en datos y profesionales capaces de conectar tecnología y mercado.
El fortalecimiento de la investigación, el desarrollo y la innovación será asimismo decisivo. Marruecos dispone ya de una base industrial importante, pero el desafío consiste ahora en convertirla en una fuente permanente de nuevos productos, tecnologías y soluciones.
Esto requiere estrechar los vínculos entre las empresas industriales, las universidades, los centros de investigación, las escuelas de ingeniería y las startups, con el objetivo de transformar el conocimiento y la investigación científica en aplicaciones industriales comercializables.
La financiación constituye otro elemento fundamental de esta transformación, especialmente para las empresas que desean desarrollar sus propios productos. La investigación y el desarrollo, la creación de prototipos, las pruebas, las certificaciones y el acceso a los mercados internacionales requieren inversiones sostenidas.
Así, el debate industrial evoluciona progresivamente de una lógica basada en el volumen hacia una lógica basada en el valor.
La fortaleza industrial ya no se mide únicamente por el número de fábricas, el volumen de inversiones o el valor de las exportaciones. También debe analizarse a través del nivel de valor añadido local, el gasto en investigación y desarrollo, el contenido tecnológico de los productos, la creación de competencias cualificadas y la capacidad de las empresas nacionales para expandirse internacionalmente.
De ahí la importancia de mejorar la medición de los resultados de las políticas industriales. Se trata de identificar mejor el impacto de las inversiones sobre los proveedores locales, el empleo cualificado, la productividad, la innovación y la capacidad exportadora.
Marruecos cuenta hoy con una base industrial construida progresivamente durante varias décadas. El nuevo desafío consiste en transformar esta base productiva en un ecosistema integrado de conocimiento, innovación y diseño.
Después de la etapa del «Made in Morocco», surgen ahora ambiciones más amplias: diseñar en Marruecos, desarrollar en Marruecos, innovar en Marruecos y exportar desde Marruecos hacia el mundo.
Esta transformación también puede reforzar la presencia económica de Marruecos en África, mediante una evolución de las empresas nacionales desde la simple exportación de productos hacia la exportación de soluciones, tecnologías, conocimientos industriales y modelos empresariales.
De este modo, el desafío industrial va más allá del simple aumento de la producción y pasa a estar vinculado a la capacidad de la economía marroquí para conservar una mayor parte del valor generado en su territorio.
Marruecos no quiere ser únicamente un lugar donde se fabrican productos globales. Aspira progresivamente a convertirse en un espacio donde nacen las ideas, se diseñan los productos, se desarrollan las tecnologías y se construyen modelos industriales capaces de competir a escala mundial.

