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Marruecos en el Foro de Davos: ¿presencia simbólica o estrategia de impacto?

En Davos, Marruecos no está allí para “hacerse ver”. Acude a ocupar un espacio donde, cada vez más, se definen los arbitrajes que estructuran la economía mundial. Hoy, las grandes decisiones ya no se toman únicamente en los recintos institucionales. Se construyen en una combinación de intereses estratégicos, alianzas industriales y diplomacia económica, en el corazón de cadenas de valor que atraviesan fronteras.

Del 19 al 23 de enero de 2026, la 56.ª reunión anual del Foro Económico Mundial se celebra en Suiza bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. En un contexto de fragmentación geoeconómica, tensiones geopolíticas persistentes y aceleración tecnológica, el Foro reafirma más que nunca su papel como plataforma de debate y cooperación, justo cuando se están redefiniendo las reglas del comercio global y las transiciones se convierten en relaciones de fuerza.

El Foro Económico Mundial sigue siendo uno de los pocos lugares donde coinciden al mismo tiempo jefes de Estado, grandes inversores, directivos de multinacionales, bancos, instituciones internacionales y líderes tecnológicos. Para la edición de 2026, la organización anuncia cerca de 3.000 participantes de más de 130 países, entre ellos unos 400 responsables políticos, 65 jefes de Estado y de gobierno, y más de 800 directivos de empresas de primer nivel. El encuentro se desarrolla también bajo una intensa cobertura mediática, con alrededor de 400 representantes de prensa presentes en el lugar, mientras que las sesiones e intercambios se difunden ampliamente y son accesibles a través de las plataformas digitales del Foro.

En este escenario, la presencia de Marruecos ya no tiene el mismo significado que hace diez o quince años. Refleja un ascenso progresivo, pero real, en los espacios donde se “fabrica” la economía mundial. El propio Aziz Akhannouch fue destacado por el Foro Económico Mundial, recordando el papel del Reino como encrucijada entre Europa, el Atlántico y África, y reivindicando fundamentos económicos y presupuestarios considerados sólidos.

Davos 2026 ofrece además una clave de lectura útil. Las conversaciones giran, de fondo, en torno a cinco grandes preocupaciones que atraviesan el debate económico actual. Se habla de cooperación en un mundo conflictivo, de la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento, de inversión en capital humano, de despliegue responsable de la innovación y de la construcción de una prosperidad compatible con los límites del planeta. En otras palabras, los temas que cuentan ya no se limitan al comercio o a los mercados. Afectan a la seguridad, las competencias, la tecnología, la energía y la sostenibilidad, es decir, a los resortes mismos de la competitividad.

Davos, un lugar de acceso e influencia

Lo primero que Marruecos obtiene de Davos es capacidad de acceso y proyección. Acceso a decisores poco disponibles en formatos clásicos, acceso a discusiones donde se dibujan prioridades de inversión, y acceso a agendas que, con frecuencia, terminan orientando los flujos financieros internacionales. Davos no produce necesariamente anuncios espectaculares, pero organiza alineamientos. Y en una economía donde la incertidumbre se ha instalado como norma, estar en la sala pesa casi tanto como tomar la palabra.

Este año, el ambiente está marcado por el regreso explícito de las relaciones de fuerza y por una competencia más intensa entre bloques. En ese contexto, Marruecos también viene a defender una lectura propia: la de un país que ya no se limita a adaptarse a las tendencias globales, sino que busca posicionarse en los desafíos estructurales, en particular en energía, cadenas industriales y estabilidad regional.

La estabilidad como ventaja comparativa

El segundo beneficio es político y tiene una traducción económica directa. En Davos, Marruecos consolida una imagen de estabilidad, continuidad y capacidad de mediación. La secuencia del 22 de enero lo ilustra. Al margen del Foro, el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, firmó en Davos, junto a Donald J. Trump, la Carta constitutiva de un nuevo Consejo de Paz, una iniciativa impulsada por el presidente estadounidense y presentada como un instrumento de gestión de crisis y de apoyo a esfuerzos de resolución de conflictos.

Sea cual sea la trayectoria futura de este formato, la señal es clara. El Reino sigue asociado a mecanismos diplomáticos donde se negocian expedientes sensibles, y esa centralidad política refuerza, de forma casi automática, su credibilidad económica. En un entorno donde la estabilidad es uno de los primeros criterios de confianza, este tipo de reconocimiento cuenta. En Davos, la influencia no se mide solo por anuncios económicos. También se lee en el lugar que se ocupa en las discusiones estratégicas, esas que moldean percepciones y, por tanto, decisiones.

Transición energética: entrar en la fase decisiva

El tercer beneficio, probablemente el más estructurante, es industrial. Davos se ha convertido en un espacio donde se habla tanto de energía y soberanía económica como de finanzas. Y en ese terreno, Marruecos llega con cartas cada vez más claras.

El Reino avanza con una estrategia de hidrógeno verde que atrae consorcios, moviliza suelo industrial y apunta a usos concretos, especialmente el amoníaco y varios segmentos de descarbonización pesada. En 2025, las autoridades oficializaron la selección de operadores nacionales e internacionales dentro de la “Oferta Marruecos” para el hidrógeno verde, mientras que anuncios públicos mencionan una cartera de proyectos llamada a dar un salto de escala.

Este posicionamiento no se apoya solo en intenciones. Se sustenta en una lógica industrial, con actores capaces de convertir la ambición en capacidades reales. El Grupo OCP, líder mundial de fosfatos, oficializó en 2024 una alianza con Fortescue en torno al hidrógeno verde, el amoníaco y soluciones de fertilización descarbonizada. OCP también anunció una hoja de ruta cuantificada para el amoníaco verde, con el objetivo de alcanzar 1 millón de toneladas en 2027 y 3 millones de toneladas en 2032. En el universo de Davos, es esta credibilidad la que marca la diferencia. Una estrategia energética solo existe de verdad cuando se traduce en socios, volúmenes, plazos y capacidad de ejecución.

Minerales críticos: la nueva batalla global

El cuarto palanca, a menudo subestimada en el debate público, tiene que ver con los minerales críticos. La economía mundial está redibujando sus dependencias. Para electrificar, almacenar energía, producir baterías y asegurar cadenas industriales, las grandes potencias necesitan cobalto, fosfatos, manganeso, níquel, cobre y otras materias primas convertidas en estratégicas.

En este terreno, Marruecos cuenta con activos reconocidos. Diversos estudios sitúan al Reino entre los países africanos mejor dotados en recursos útiles para la transición energética, mientras que otras publicaciones subrayan la combinación marroquí entre potencial minero y estabilidad, un factor cada vez más decisivo en las decisiones de localización industrial.

Davos, en este marco, es más que una vitrina. Es el lugar donde se construye la nueva geografía del valor. Los países capaces de asegurar acceso a energía limpia, insumos estratégicos, capacidades industriales y gobernanza estable llevan ventaja en la competencia de los próximos años.

La verdadera prueba es la capacidad de ejecución

Lo que ha cambiado, y lo que explica por qué Marruecos tiene una posición legítima en Davos, es que estos temas están ahora en el centro de los arbitrajes globales. La energía ya no es solo un asunto climático: se ha convertido en una batalla por la competitividad industrial. Los minerales ya no dependen únicamente de la geología: dependen de la soberanía. Y en esta nueva gramática, Marruecos cumple varios criterios clave. Proximidad logística con Europa, profundidad africana natural, capacidades industriales orientadas a la exportación y una agenda de transformación alineada con las prioridades de la década.

Entonces, ¿qué obtiene realmente, más allá de anuncios y secuencias protocolarias? Davos funciona para Marruecos como una plataforma de alineamiento estratégico. Le permite defender su relato y, al mismo tiempo, elegir sus combates. Reafirmar su papel de puente, tranquilizar sobre su estabilidad, posicionarse como futuro proveedor de energía limpia e insumos indispensables para las transiciones globales, mientras sigue pesando en los formatos diplomáticos que estructuran el equilibrio internacional.

En el fondo, la pregunta “espectador o actor” se resume en una regla sencilla. Uno se vuelve actor en Davos cuando aporta algo que los demás no pueden ofrecer, o no al mismo precio, o no con el mismo nivel de fiabilidad. En energía, insumos agrícolas, ciertos minerales estratégicos y estabilidad política, Marruecos ya no busca ser invitado: demuestra, cada vez más, por qué debe contar.

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