Según Bloomberg, el gigante estadounidense de la inteligencia artificial (IA) OpenAI ha reunido un equipo de más de cien exbanqueros provenientes de instituciones como JPMorgan Chase, Morgan Stanley y Goldman Sachs para un proyecto confidencial llamado Mercury.
La ambición de OpenAI es automatizar las tareas tediosas que tradicionalmente realizaban los banqueros junior y los jóvenes analistas. El Proyecto Mercury busca dotar a los sistemas de IA con la capacidad de realizar modelos financieros, un paso crítico en el trabajo de la banca de inversión.
Estas herramientas de IA podrían encargarse pronto de generar informes, preparar presentaciones y realizar valoraciones financieras, tareas que suelen ser largas y repetitivas, conocidas como el “trabajo pesado” de la profesión.
Pruebas a gran escala y acceso anticipado
Para alcanzar este objetivo, OpenAI ha dado a los participantes acceso temprano a sus tecnologías en desarrollo para probar su fiabilidad en casos reales, como OPIs, reestructuraciones y fusiones y adquisiciones.
Los exbanqueros involucrados escriben instrucciones detalladas y diseñan modelos plantilla para entrenar futuras herramientas de IA capaces de replicar—e incluso optimizar—los procesos de cálculo y toma de decisiones utilizados en las principales instituciones financieras.
Un cambio estratégico para OpenAI
Este proyecto refleja el deseo de OpenAI de que su IA sea directamente utilizable por empresas, especialmente en sectores que requieren análisis intensivo como finanzas, consultoría y derecho. Tras obtener reconocimiento público con ChatGPT, la compañía busca ahora demostrar el valor operativo de sus modelos en entornos profesionales donde la precisión, la rapidez y el cumplimiento normativo son esenciales.
Equilibrando innovación y empleo
Aunque este desarrollo promete una reducción significativa de tareas manuales, también genera preocupación sobre el futuro del empleo en finanzas. Los jóvenes analistas, a menudo agotados por cargas laborales intensas, tienen reacciones mixtas: algunos celebran el alivio, mientras que otros temen la desplazamiento laboral. Muchos se preocupan de que la tecnología podría reemplazar parte de sus funciones, transformando profundamente la estructura de la banca de inversión.







